martes, 21 de junio de 2011

El rechazo al Perú profundo, el rechazo a nosotros mismos.


Después de leer el discurso  “No soy un aculturado”, me he puesto en los zapatos de José María Arguedas.

La identidad nacional siempre fue un tema complicado de abordar, pues creemos que los peruanos estamos jerarquizados por la raza: criollo, mestizo, indio, etc o por el nivel socioeconómico.

Al peruano  le hace falta nacionalismo, pero este es un problema de hace mucho tiempo. Uno de los momentos, fue en la etapa post colonial, cuando el Perú se estaba estructurando como república, fue la ausencia de un sentimiento de nacionalidad por parte de quienes participaron en la independencia la que influyó para que la identidad nacional no existiese o fuese confusa

En nuestros días, aún existen esas grandes “diferencias” que nos separan de diversos pueblos que pertenecen a un mismo país, a una misma identidad, a una misma patria, a un mismo Perú. La falta de identidad nacional no  permite que aprendamos hoy las diferencias que existen en nuestro país. No debemos esperar que otros sean iguales a nosotros, y si es que no lo son, ¿Por qué no respetamos y aceptamos como son? ¿Por qué han de ser inferiores por ser como son?

Aún se le percibe al indio desde su contexto andino, a la Sierra en sus relaciones  de dependencia a la Costa. Se los sigue mirando con ojos de burla y hasta muchas veces repugnancia, sin poder ver más allá de sus ropas o costumbres el sufrimiento y dolor que les causan.

Arguedas nos muestra el valor de una cultura quechua la cual es despreciada por la sociedad, muchas veces considerada como “extraña”, excluyéndola de una vida digna y oportunidades para ser mejor.  Una cultura que le enseño los grandes lazos de afecto que existen entre ellos y orgulloso de ser así, una cultura que ama a su tierra, y que puede dar unos abrazos al desamparado, como lo fue él durante su infancia.

Nuestro país se ha configurado en otra especie de sociedad, no en la sociedad que posee una belleza variada tanto como en seres humanos y tierras, de colores, de símbolos, de maneras de vivir, de culturas. Una sociedad que no es veraz, una sociedad que sigue creciendo desde hace muchos años porque muchos ciegos la alimentan, todo esto se encuentra a nuestro alrededor, tan sólo echemos un vistazo; el aborrecimiento a un campesino, el negar la educación y nuevo conocimientos a muchos niños indígenas, el caminar por la calle y mirar con marcada distancia y murmurar sobre una mujer de la sierra con vestimenta típica de su región.

Arguedas deseaba reivindicar al Perú profundo, ese que se encontraba y aún sigue siendo “acorralado” desde hace siglos, expresar una alternativa de cambio social por un buen vivir para todos, que no se cierren las puertas para los que viven humillados sólo por tener otro idioma o costumbres.



Es por ello, que como país debemos preocuparnos por nuestra identidad cultural, somos lo que somos desde hace siglos y nadie lo podrá cambiar. Hay que sentirse orgullosos de ser en verdad “peruano” un peruano que sea costa, sierra y selva, un peruano que viva y se engrandezca por su historia, arte y la gama de seres humanos que habitan en la misma tierra que él.


POR: Sharon Ríos Palacios

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