La informalidad en el Perú, ha sido un problema de gran magnitud desde el siglo pasado, principalmente desde la década de 1990. Además de abarcar a un grupo considerable de ciudadanos los gobiernos no han sabido proponer soluciones efectivas para contrarrestar este fenómeno, ignorando por mucho tiempo las necesidades de estos sectores. Debido a lo anterior, estos grupos en particular presentan ideas políticas socialistas en su búsqueda de equidad para todos.
El fenómeno de la informalidad comenzó con la falta de oportunidades que el gran número de migrantes de la sierra a la costa encontró en la capital. La necesidad llevó a estas personas a trabajar informalmente. Todo esto creo desequilibrio social, el cual perdura hasta ahora y ha hecho que el problema sea cada vez más profundo y más difícil de resolver. Los candidatos de derecha que han ocupado el sillón presidencial en los últimos veinte años han apostado por el crecimiento económico del país, dejando en un segundo plano las necesidades de los sectores populares. En consecuencia, los sectores informales deciden apoyar a candidatos que propongan ideas políticas más radicales (Ollanta Humala en el caso de estas elecciones), ya que representan la esperanza de cambio que ellos buscan.
El marco social de la informalidad está diseñado de tal manera que esté desafiando constantemente al marco democrático del Estado peruano. Está fundada sobre una base de sustentación social que hace de la picardía el valor supremo y rechaza a cualquier institución del Perú formal. No es sorpresa entonces, que un grupo social que esté tan apartado de la ley y desprecien las ideas de derecha que han regido nuestro país durante años desconfíe de toda institución formal que diga querer ayudarlos. Esta sociedad aparte, en donde la ley del más fuerte es la ley suprema, ha aprendido con el tiempo que lo que se promete, en este país, no se cumple.
La profunda desconfianza por parte de los sectores populares hacia el gobierno y las instituciones formales se ha venido alimentando por más de tres décadas con cada decisión errada que el Estado ha tomado. Lo ocurrido con en la época de Sendero Luminoso es un claro ejemplo de cómo el Estado fue perdiendo el apoyo de los sectores informales debido a las acciones que se tomaron en ese evento.
La desconfianza que le tiene al gobierno peruano, por lo tanto, es justificada. Justificada porque no fue algo instantáneo; un conjunto de acciones erróneas tomadas por los gobiernos han sido la fuente de esta desconfianza, y siempre los más pobres son los que más sufren cuando una mala decisión es tomada. No sorprende por lo tanto que el hombre informal cargue consigo un resentimiento que se ha ido agrandando con el paso de los años, por todas las injusticias que fueron cometidas; no directamente contra él pero tal vez contra sus parientes, vecinos o amigos. Los gobiernos se han dedicado a hacer más de lo mismo, y los sectores populares ya están hartos, ya que esto no representa el cambio para ellos. El verdadero cambio según ellos está en esos candidatos poco ortodoxos, que plantean propuestas descabelladas para nosotros, que quieren romper el esquema actual cuando este está funcionando favorablemente. A pesar de que para nosotros pueda representar un salto al vacío, para ellos es una brisa de esperanza, lo que hace que sus tendencias políticas se inclinen hacia ese lado. Cualquier candidato que proponga un cambio radical en el esquema gubernamental será apoyado por los sectores populares.

Hernando de Soto explica bien la situación actual del Perú con una frase: “Somos un país que conforma dos Perúes paralelos, el oficial y el marginado”. La informalidad derivó en el instinto de supervivencia de los inmigrantes, que hicieron todo lo necesario para adaptarse lo mejor posible a esta nueva y peor realidad. El espíritu incansable y el ánimo de auto superación ocasionaron la creación de esta nueva sociedad informal, aislada de la formalidad y las reglas estrictas, generando nuevas reglas que se adaptaban a su nuevo entorno. Y esto continúa siendo así, en esos lugares se respira un aire de superación, de desafío, de revolución. Todas lo que ellos han vivido les ha servido para formar un pensamiento político radical, dado que la derecha caviar que ha gobernado desde siempre no ha logrado unificar a los dos Perúes.
Las experiencias son las que definen el pensamiento y amoldan las ideas de cada persona. Resulta muy difícil creer que los sectores populares no se opongan a la idea de un nuevo Estado conservador con todo lo que los gobiernos anteriores han tan equivocadamente hecho, perjudicándolos notablemente.
Es decir, buscan a alguien como ellos, alguien que haya salido del mismo contexto, alguien que sepa cómo es la vida en sus zapatos. Sin un líder que los represente su situación está lejos de cambiar. Elegir un presidente para ellos es extremadamente importante, ya que ellos son los que tienen todo que perder o que ganar. La clase media y alta del país toma a la ligera la elección del nuevo presidente, a comparación de los sectores populares. Ellos son los que serán los más favorecidos o perjudicados, según las acciones que tome el presidente. Es por estas razones que buscan un modelo a seguir, y en su consideración creen que la solución es elegir un candidato extremista, alguien que esté dispuesto a hacer verdaderos cambios en la estructura social y económica del país.
Además, si bien el Estado promueve herramientas para poder reducir la informalidad en el país, estas no se encuentran diseñadas para el peruano informal, que carece de educación. Si cuenta con ella no es del todo aceptable, siendo difícil manejar herramientas gubernamentales y menos aún aparatos electrónicos. En consecuencia se ignorarían todas esas supuestas oportunidades que brinda el Estado por las propuestas débiles del gobierno. Resulta insultante para el empresario informal que le proponga el uso de herramientas que no sabrá manejar.

El Perú es un país que en los últimos años se ha repuesto de muchas crisis económicas y sociales. La informalidad en nuestro país se encuentra en las principales ciudades, que nos muestra dos Perúes, los dos con hambre de progreso y mayor desarrollo. Sin embargo una de las partes se encuentra en desventaja debido a las trabas pasadas a lo largo de la historia y ese es el sector informal, un sector completamente reprimido, marginado pero no olvidado pues representa un gran problema económico para el país. Pero la verdad es que la informalidad en nuestro país es un problema social, un problema de gente, que se refleja en números estadísticos que confunden las realidades y se busca erradicarlos de una forma mecanizada sin darse cuenta que se trata de personas; este desinterés ha alimentado y prolongado el resentimiento andino, representado desde épocas antiguas en donde Mariátegui expresaba sus ideas nacionalistas y Arguedas pedía justicia, respeto y exigía al pueblo peruano identidad; épocas donde se realizaron innumerables abusos a los derechos humanos por los que supuestamente debían proteger y hacer valer sus derechos. Es bajo estas circunstancias que el peruano perteneciente al sector informal busca alguien que lo represente allá arriba donde nadie lo escucha. De ahí provienen sus inclinaciones por candidatos radicales y revolucionarios que le ofrecen un cambio. No están seguros de eso, sin embargo prefieren aferrarse a esa esperanza de que algún día alguien se acuerde de ellos y busque mejores facilidades para que ellos puedan vivir dignamente.
Se dijo que en estas elecciones habían ganado los ignorantes pero en realidad fueron los ignorados que se pronunciaron frente a este gran problema. Estas elecciones no fueron más que el reflejo de que la desigualdad se pronuncia más en nuestro país a medida que se resta importancia a las personas. Esta vez es sector informal alzó su voz y se pronunció, aunque no necesariamente tengan la razón. En realidad, solo quieren ser escuchados.
Fuentes:
El otro sendero - H. de Soto
Nos habíamos Choleado tanto - Jorge Bruce
Ensayo de Ricardo Rojas
Por: Rubi Benites Horna